La Isla misteriosa
La Isla misteriosa Unos cuantos golpes de remo llevaron a los colonos a la desembocadura del río de la Merced. Sacaron a la playa la canoa, acercándola a las Chimeneas, y todos se dirigieron hacia la escalera del Palacio de granito.
Pero en aquel momento Top ladró y Nab, que buscaba el primer tramo, dio un grito.
La escalera había desaparecido.
Ciro Smith se había detenido sin decir una palabra. Sus compañeros buscaron en la oscuridad, por el suelo y por las paredes de granito, por si la escalera se había desprendido o el viento la había sacado de su lugar..., pero la escalera había desaparecido. Reconocer si una ráfaga de aire la había levantado hasta la cornisa, era imposible en aquella profunda oscuridad.
-Si es broma -exclamó Pencroff-, me parece de muy mal género. Llegar uno a su casa y no encontrar escalera para subir a su cuarto no es cosa de risa para quien está cansado.
Nab también se quejaba.
-Sin embargo, no hace viento -observó Harbert.
-Comienzo a convencerme de que pasan cosas singulares en la isla Lincoln -dijo Pencroff.
