La Isla misteriosa

La Isla misteriosa

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Unos cuantos golpes de remo llevaron a los colonos a la desembocadura del río de la Merced. Sacaron a la playa la canoa, acercándola a las Chimeneas, y todos se dirigieron hacia la escalera del Palacio de granito.

Pero en aquel momento Top ladró y Nab, que buscaba el primer tramo, dio un grito.

La escalera había desaparecido.

 

27. La jugada de los orangutanes

Ciro Smith se había detenido sin decir una palabra. Sus compañeros buscaron en la oscuridad, por el suelo y por las paredes de granito, por si la escalera se había desprendido o el viento la había sacado de su lugar..., pero la escalera había desaparecido. Reconocer si una ráfaga de aire la había levantado hasta la cornisa, era imposible en aquella profunda oscuridad.

-Si es broma -exclamó Pencroff-, me parece de muy mal género. Llegar uno a su casa y no encontrar escalera para subir a su cuarto no es cosa de risa para quien está cansado.

Nab también se quejaba.

-Sin embargo, no hace viento -observó Harbert.

-Comienzo a convencerme de que pasan cosas singulares en la isla Lincoln -dijo Pencroff.


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