La Isla misteriosa
La Isla misteriosa -¡Pobre hombre! -dijo Harbert, volviendo donde estaban los demás colonos, después de haber corrido a la puerta y visto a Ayrton deslizarse por la cuerda del ascensor y desaparecer en la oscuridad.
-Volverá -dijo Ciro Smith.
-¿Pero qué significa esto, señor Ciro? -exclamó Pencroff-¡No es Ayrton el que echó la botella al mar! Entonces, ¿quién puede haber sido?
La pregunta no podía estar más a tono.
-El -contestó Nab-, pero el infeliz estaba ya medio loco.
-Sí -dijo Harbert-y no sabía lo que hacía.
-Eso no puede explicarse sino de ese modo, amigos míos -respondió Ciro Smith-, y ahora comprendo que Ayrton haya podido explicar exactamente la situación de la isla Tabor, puesto que se la habían dado a conocer los sucesos mismos que le abandonaron en la isla.
-Sin embargo -observó Pencroff-, si no se había embrutecido todavía en el momento en que escribía el papel y, por consiguiente, si hace siete u ocho años que lo arrojó al mar, ¿cómo no ha sido alterado por la humedad?
-Eso prueba -dijo Ciro Smith-que Ayrton no perdió su inteligencia sino en época mucho más reciente de lo que él cree.
