La Isla misteriosa
La Isla misteriosa Hasta entonces los colonos no tenían de qué quejarse. La partida empezaba mal para sus adversarios: éstos tenían ya cuatro hombres heridos gravemente, o muertos quizá, y ellos, por el contrario, estaban ilesos y no habían perdido una bala. Si los piratas continuaban atacándolos de este modo, si renovaban otras tentativas de desembarco por medio de la canoa, podían ser destruidos uno a uno. Ahora vemos perfectamente cuán acertadas eran las disposiciones adoptadas por el ingeniero. Los piratas podían creer que tenían que vérselas con adversarios numerosos y bien armados, que sería difícil dominar.
Media hora tardó la canoa, que tenía que luchar contra la corriente del mar, en llegar al Speedy. Cuando sus tripulantes subieron a bordo con los heridos, resonaron gritos espantosos y se dispararon tres o cuatro cañonazos, que no podían producir ningún resultado.
Pero entonces otros piratas, ebrios de cólera y quizá también de las libaciones de la víspera, se arrojaron a la embarcación. Eran doce. Lanzóse al mar una segunda canoa, en la cual entraron otros ocho hombres, y mientras la primera se dirigía rectamente al islote para arrojar de él a los colonos, la segunda maniobraba para forzar la entrada del río de la Merced.