La Isla misteriosa
La Isla misteriosa Durante aquellos dos días Ciro Smith se ocupó en un proyecto que debía poner el Palacio de granito al abrigo de toda sorpresa. Consistía en ocultar el orificio superior del antiguo desagüe, que estaba obstruido con cal y canto y medio oculto bajo hierbas y plantas, en el ángulo sur del lago Grant. Nada más fácil de llevar a cabo, puesto que bastaba volver a levantar dos o tres pies el nivel de las aguas del lago, que ocultarían por completo el orificio.
Para levantar este nivel, bastaba establecer un dique a las dos sangrías hechas al lago y por las cuales se alimentaban el arroyo de la Glicerina y el de la Gran Cascada. Ciro Smith animó a los colonos para este trabajo y en breve se levantaron los dos diques, que superaban de siete a ocho pies de anchura por tres de altura, y que fueron construidos con trozos de roca bien cimentados.
Terminado ese trabajo, era imposible sospechar que en la punta del lago existiese un conducto subterráneo, por el cual se escapaba en otro tiempo el sobrante de las aguas.
Huelga decir que no se obstruyó enteramente la pequeña derivación que servía para alimentar el receptáculo del Palacio de granito y hacer funcionar el ascensor. Aquel retiro, seguro y cómodo, podía desafiar toda sorpresa y todo golpe de mano.