La Isla misteriosa
La Isla misteriosa Hacia las tres de la mañana, Harbert dio un grito espantoso y pareció retorcerse en una terrible convulsión. Nab, que estaba a su lado, se asustó y fue al cuarto inmediato donde se hallaban sus compañeros. Top en aquel momento ladró de un modo extraño... Todos entraron inmediatamente y lograron sujetar en la cama al joven moribundo, que quería arrojarse fuera de ella, mientras Gedeón Spilett, teniéndole el brazo, observaba que iba subiendo poco a poco el pulso... Eran las cinco de la mañana. Los rayos del sol comenzaban a penetrar en los cuartos del Palacio de granito. Se anunciaba un hermoso día y aquel día iba a ser el último del pobre Harbert. Un rayo de luz llegó hasta la mesa, situada cerca del lecho. De repente Pencroff dio un grito y mostró un objeto que había sobre la mesa... Era una pequeña caja oblonga, en cuya tapa estaban escritas estas palabras:
Sulfato de quinina.
