La Isla misteriosa
La Isla misteriosa Pero Ayrton estaba entonces bajo el dominio de un sopor del que no fue posible sacarlo. Después de las pocas palabras que había pronunciado, un sueño abrumador se había vuelto a apoderar de él y quedó nuevamente en su lecho sin movimiento.
Los colonos, agitados por mil pensamientos confusos y bajo la influencia de una violenta sobreexcitación, esperaron durante toda la noche sin salir de la casa y sin volver al sitio donde yacían los cadáveres de los bandidos. Quizá Ayrton no pudiese decirles nada respecto de las circunstancias en que éstos habían recibido la muerte, pues él mismo no sabía siquiera si estaba en la dehesa; pero al menos podría contar los hechos que habían precedido a aquella terrible ejecución. Al día siguiente Ayrton salió de su sopor y sus compañeros le manifestaron cordialmente todo el júbilo que experimentaban de verlo casi sano y salvo después de ciento cuatro días de separación. Ayrton refirió en pocas palabras todo lo que había pasado, al menos lo que él sabía.
Al día siguiente de su llegada a la dehesa, el 10 de noviembre, al caer la noche fue sorprendido por los presidiarios, que habían escalado el recinto. Estos lo ataron y le pusieron una mordaza y después lo llevaron a una caverna oscura situada al pie del monte Franklin, donde tenían su refugio.