La Isla misteriosa
La Isla misteriosa -Sí, busquémoslo ---respondió Ciro Smith -. Pero el ser superior que hace tales prodigios no podrá ser hallado hasta que no quiera. Aquella protección invisible que auxiliaba la acción de los colonos irritaba y conmovía al ingeniero. La inferioridad relativa que demostraba era de las que pueden herir a un alma altiva. Una generosidad que toma sus disposiciones para eludir toda muestra de gratitud, revelaba una especie de desdén hacia los agradecidos, que disminuía a los ojos de Ciro Smith el valor del beneficio.
-Busquemos -dijo-y Dios quiera que encontremos un día a ese protector altivo que no ha protegido a ingratos. ¿Qué no daría yo porque pudiéramos pagarle la deuda de reconocimiento prestándole, a nuestra vez, aunque fuera a costa de la vida, algún señalado servicio?
Desde aquel día esta investigación fue el único cuidado de los habitantes de la isla Lincoln. Todo los llevaba a descubrir la clave de aquel enigma, clave que no podía ser sino el nombre de un individuo dotado de un poder verdaderamente inexplicable, en cierto modo sobrehumano.
Después de unos instantes, los colonos volvieron a la habitación de la dehesa, donde sus cuidados hicieron recobrar pronto a Ayrton su energía moral y física.