La Isla misteriosa
La Isla misteriosa Ahora bien, de estos tres valles, donde el agua no faltaba, uno de ellos habría podido servir de retiro a cualquier solitario, pues en él habría encontrado todo lo necesario para la vida. Los colonos lo habían explorado ya y en ninguna parte habían encontrado señal de la presencia del hombre.
¡Estaba el retiro de su huésped en el fondo de aquellas gargantas áridas, en medio de los derrumbamientos de rocas, entre los ásperos barrancos del norte, entre las corrientes de antigua lava!
La parte norte del monte Franklin se componía únicamente en su base de dos valles anchos y poco profundos, sin apariencia de verdor, sembrados de bloques erráticos, jaspeados de moenas, llenos de gruesos tumores minerales y espolvoreados, digámoslo así, de obsidianas y labradoritas. Esta parte exigió largas y difíciles exploraciones. Se abrían mil cavidades incómodas, pero absolutamente disimuladas y de un acceso difícil.