La Isla misteriosa
La Isla misteriosa -No -contestó Ciro Smith-, ni el más pequeño vapor sale del cráter, cuya cima he observado precisamente ayer. Pero es posible que, en la parte inferior de la chimenea, el tiempo haya acumulado rocas, cenizas, lavas endurecidas, y que esa válvula, de que hablaba hace poco, se encuentre momentáneamente obstruida. Pero al primer esfuerzo de importancia desaparecerá todo obstáculo y podemos estar seguros que ni la isla, que es la caldera, ni el volcán, que es la chimenea, estallarán bajo la presión de los gases. De todos modos serÃa mejor que no hubiera erupción.
-Sin embargo, no nos engañamos: se oyen sordos ruidos en las entrañas mismas del volcán.
-En efecto -repuso el ingeniero, que escuchó de nuevo con grande atención-, no es posible equivocarse... Allá dentro se verifica una reacción, cuya importancia y cuyos resultados definitivos no podemos calcular.
Ciro Smith y Gedeón Spilett, después de haber salido, encontraron a sus compañeros, a quienes dieron cuenta del estado de las cosas.
-¡Bueno! -exclamó Pencroff-. Ese volcán quiere hacer una de las suyas. ¡Que lo intente, encontrará la horma de su zapato!
-¿En quién? -preguntó Nab.