La vuelta al mundo en 80 dÃas
La vuelta al mundo en 80 dÃas Varias veces se vieron bandadas de hindúes feroces que hacÃan un ademán de cólera al observar el rápido paso del elefante. Por otra parte, el parsi los evitaba en lo posible, considerándolos como gente de mal encuentro. Se vieron pocos animales durante esta jornada, y apenas algunos monos que huÃan haciendo mil contorsiones y muecas que divertÃan mucho a Picaporte.
Entre otras ideas habÃa una que inquietaba mucho a este pobre muchacho. ¿Qué harÃa el señor Fogg del elefante cuando hubiese llegado a la estación del Allahabad? ¿Se lo llevarÃa? ¡Imposible! El precio del transporte añadido al de la compra, serÃa una ruina. ¿Lo venderÃa o le darÃa libertad? Ese apreciable animal bien merecÃa que se le tuviese consideración. Si por casualidad el señor Fogg se lo regalase, muy apurado se verÃa él, Picaporte, y esto no dejaba de preocuparle.
A las ocho de la noche ya quedaba traspuesta la principal cadena de los Vindhias, y los viajeros hicieron alto al pie de la falda septentrional en un bungalow ruinoso.
La distancia recorrida durante la jornada era de veinticinco millas, y restaba otro tanto camino para llegar a la estación de Allahabad.