La vuelta al mundo en 80 dÃas
La vuelta al mundo en 80 dÃas —¿Sois francés y os llamáis John? —le preguntó Phileas Fogg.
—Juan, si el señor no lo lleva a mal —respondió el recién venido—. Juan Picaporte, apodo que me ha quedado y que justificaba mi natural aptitud para salir de todo apuro. Creo ser honrado, aunque, a decir verdad, he tenido varios oficios. He sido cantor ambulante, he sido artista de circo donde daba el salto como Leotard y bailaba en la cuerda como BlondÃn; luego, al fin de hacer más útiles mis servicios, he llegado a profesor de gimnasia, y por último, era sargento de bomberos en ParÃs, y aún tengo en mi hoja de servicios algunos incendios notables. Pero hace cinco años que he abandonado la Francia, y queriendo experimentar la vida doméstica soy ayuda de cámara en Inglaterra. Y hallándome desacomodado y habiendo sabido que el señor Phileas Fogg era el hombre más exacto y sedentario del Reino Unido, me he presentado en casa del señor, esperando vivir con tranquilidad y olvidar hasta el apodo de Picaporte.
—Picaporte me conviene —respondió el caballero—. Me habéis sido recomendado. Tengo buenos informes sobre vuestra conducta. ¿Conocéis mis condiciones?
—SÃ, señor.
—Bien. ¿Qué hora tenéis?
—Las once y veintidós —respondió Picaporte, sacando de las profundidades del bolsillo de su chaleco un enorme reloj de plata.