La vuelta al mundo en 80 dÃas
La vuelta al mundo en 80 dÃas Entretanto, el tren iba a dejar la estación de Allahabad. El parsi estaba esperando. El señor Fogg le pagó lo convenido, sin darle un penique de más. Esto asombró algo a Picaporte, que sabÃa todo lo que debÃa su amo a la adhesión del guÃa. El parsi habÃa en efecto arriesgado voluntariamente la vida en el lance de Pillaji, y si más tarde los indios llegasen a saberlo, con dificultad se librarÃa de su venganza.
Quedaba también por ventilar la cuestión de Kiouni. ¿Qué harÃan de un elefante que tan caro habÃa costado?
Pero Phileas Fogg habÃa adoptado ya una resolución.
—Parsi —dijo al guÃa—, has sido servicial y adicto. He pagado tu servicio, pero no tu adhesión. ¿Quieres ese elefante? Es tuyo.
Los ojos del guÃa brillaron.
—¡Es una fortuna lo que Vuestro Honor me da! —exclamó.
—Acéptala —respondiole el señor Fogg—; y aún seré deudor tuyo.
—Enhorabuena —exclamó Picaporte—. Toma, amigo mÃo, Kiouni. Eres animal animoso y valiente.
Y yendo hacia el elefante le ofreció algunos terrones de azúcar, diciendo:
—¡Toma, Kiouni, toma, toma!