La vuelta al mundo en 80 días
La vuelta al mundo en 80 días El tren se detuvo en la estación. Picaporte se apeó el primero, y fue seguido del señor Fogg, quien ayudó a su joven compañera a descender al andén. Phileas Fogg pensaba ir directamente al vapor de Hong Kong, a fin de instalar allí convenientemente a la princesa Aouda, de quien no quería separarse mientras estuviese en aquel país tan peligroso para ella.
Cuando el señor Fogg iba a salir de la estación, se acercó a él un agente de policía diciéndole:
—¿El señor Phileas Fogg?
—Yo soy.
—¿Es ese hombre vuestro criado? —añadió el agente designando a Picaporte.
—Sí.
—Tened ambos la bondad de seguirme.