La vuelta al mundo en 80 dÃas
La vuelta al mundo en 80 dÃas —¡Ah! ¿Conque lo confesáis?
—Lo confieso, y estoy aguardando que esos tres sacerdotes declaren a su vez lo que querÃan hacer en la pagoda de Pillaji.
Los sacerdotes se miraron. No comprendÃan al parecer nada en las palabras del acusado.
—¡Sin duda! —exclamó impetuosamente Picaporte—. ¡En esa pagoda de Pillaji, ante la cual iban a quemar a su vÃctima!
Los sacerdotes volvieron a quedar estupefactos, asombrándose profundamente el juez Obadiah.
—¿Qué vÃctima? —preguntó—. ¿Quemar a quién? ¿En medio de la ciudad de Bombay?
—¿Bombay? —exclamó Picaporte.
—Sin duda no se trata de la pagoda de Pillaji, sino de la pagoda de Malebar Hill, en Bombay.
—Y como pieza de convicción, he aquà los zapatos del profanador —añadió el escribano colocando un par de ellos encima de la mesa.
—¡Mis zapatos! —exclamó Picaporte, quien altamente sorprendido no pudo contener esa involuntaria exclamación.