La vuelta al mundo en 80 dÃas
La vuelta al mundo en 80 dÃas —¡Presente! —respondió Picaporte.
—¡Bien! —dijo el juez Obadiah—. Hace dos dÃas, acusados, que os están espiando en todos los trenes de Bombay.
—Pero ¿de qué nos acusan? —exclamó Picaporte impaciente.
—Vais a saberlo —respondió el juez.
—Caballero —dijo entonces el señor Fogg—, soy ciudadano inglés y tengo derecho…
—¿Os han faltado a los miramientos? —preguntó el señor Obadiah.
—De ningún modo.
—¡Bien! Haced entrar a los querellantes.
Por orden del juez se abrió una puerta, y tres sacerdotes indios fueron introducidos por un alguacil.
—¿No lo decÃa yo? —dijo Picaporte—. ¡Esos bribones son los que querÃan quemar a esa joven señora!
Los sacerdotes se mantuvieron de pie delante del juez, y el escribano leyó en voz alta una querella de sacrilegio formulada contra el señor Phileas Fogg y su criado, acusados de haber profanado un lugar consagrado por la religión brahmánica.
—¿Habéis oÃdo? —preguntó el juez a Phileas Fogg.
—SÃ, señor —respondió el señor Fogg mirando el reloj—, y lo confieso.