La vuelta al mundo en 80 dÃas
La vuelta al mundo en 80 dÃas —¡Ah! —dijo Picaporte—. ¡Si nos acompañaseis, serÃa una dicha para mÃ! ¡Vamos! ¡Un agente de la CompañÃa Peninsular no debe quedarse en el camino! ¡No ibais más que a Bombay y ya pronto estaréis en China! ¡La América no está lejos, y de América a Europa hay sólo un paso!
Fix miraba con atención a su interlocutor, que le mostraba el semblante más amable del mundo, y adoptó el partido de reÃrse de él. Pero éste, que estaba de gracia, le preguntó si su oficio le producÃa mucho.
—Sà y no —respondió Fix sin pestañear—. Hay negocios buenos y malos. ¡Pero bien comprenderéis que no viajo a mis expensas!
—¡Oh! ¡En cuanto a eso, estoy seguro de ello! —exclamó Picaporte riéndose más y mejor.
Terminada la conversación, Fix entró en su camarote y se entregó a la meditación. De un modo o de otro, el francés habÃa reconocido su calidad de agente de policÃa. Pero ¿se lo habrÃa dicho a su amo? ¿Qué papel hacÃa en todo esto? ¿Era cómplice o no? ¿El negocio estaba descubierto y por consiguiente fallido?
El agente pasó algunas horas angustiosas, creyéndolo algunas veces todo perdido, esperando otras que Fogg ignoraba la situación, y por último, no sabiendo qué partido tomar.