La vuelta al mundo en 80 dÃas
La vuelta al mundo en 80 dÃas ¡SÃ! Era un asombro diario para Picaporte, que leÃa tanto agradecimiento hacia su amo en los ojos de la hermosa joven. ¡Decididamente, Phileas Fogg sólo tenÃa corazón bastante para conducirse con heroÃsmo, pero no con amor, no! En cuanto a las preocupaciones que los azares del viaje podÃan causarle, no daba indicio ninguno de ellas. Pero Picaporte vivÃa en continua angustia. Apoyado un dÃa en el pasamanos de la máquina, estaba mirando cómo de vez en cuando precipitaba éste su movimiento, cuando la hélice salió de punta fuera de las olas por un violento cabeceo, escapándose el vapor por las válvulas, lo cual provocó las iras de tan digno mozo.
—¡No están bastante cargadas esas válvulas! —exclamó—. ¡Eso no es andar! ¡Al fin, ingleses! ¡Ah! Si fuese un buque americano, quizá saltarÃamos, pero irÃamos más de prisa.