La vuelta al mundo en 80 dÃas
La vuelta al mundo en 80 dÃas —Tengo que hablaros de cosas serias.
—¡De cosas serias! —exclamó Picaporte vaciando algunas gotas de vino que se habÃan quedado en el fondo de su vaso—. Pues bien, mañana hablaremos. No tengo tiempo hoy.
—Quedaos —dijo Fix—. ¡Se trata de vuestro amo!
Picaporte, al oÃr esto, miró con fijeza a su interlocutor.
La expresión del semblante de Fix le pareció singular, y se sentó.
—¿Qué tenéis, pues, que decirme? —preguntó.
Fix apoyó la mano en el brazo de su compañero, y bajando la voz, dijo:
—¿Habéis adivinado quién soy?
—¡Pardiez! —dijo Picaporte sonriendo.
—Entonces voy a confesarlo todo…
—… ¡Ahora que lo sé todo, compadre! ¡Ah! ¡Eso no tiene chiste! ¡Pero, en fin, seguid; mas antes dejadme deciros que esos caballeros hacen gastos bien inútiles!
—¡Inútiles! —dijo Fix—. ¡Habláis como queréis! ¡Ya se ve que no conocéis la importancia de la suma!
—Pero sà que la conozco perfectamente —respondió Picaporte—. ¡Se trata de veinte mil libras!