La vuelta al mundo en 80 dÃas
La vuelta al mundo en 80 dÃas —Pero es una asechanza —exclamó Picaporte animándose por la influencia del brandy que le servÃa Fix y que bebÃa sin advertirlo—. Una verdadera asechanza. ¡Unos caballeros! ¡Unos colegas!
Fix empezaba a no comprender.
—¡Unos colegas! —exclamó Picaporte—. ¡Miembros del Reform Club! Sabed, señor Fix, que mi amo es hombre honrado, y que cuando hace una apuesta trata de ganarla lealmente.
—Pero ¿quién creéis que soy? —preguntó Fix clavando su mirada en Picaporte.
—¡Es evidente! Un agente de los socios del Reform Club, con la misión de vigilar el itinerario de mi amo, lo cual es altamente humillante. Asà es que, si bien hace algún tiempo que he adivinado vuestro oficio, me he guardado muy bien de revelárselo al señor Fogg.
—¿No sabe nada? —preguntó con viveza Fix.
—Nada —respondió Picaporte, vaciando otra vez su vaso.
El inspector de policÃa se pasó la mano por la frente y vacilaba antes de tomar la palabra. ¿Qué debÃa hacer? El error de Picaporte parecÃa sincero, pero dificultaba todavÃa más su proyecto. Era evidente que el muchacho hablaba con absoluta buena fe y que no era el cómplice de su amo, lo cual hubiera podido recelar Fix.
—Pues bien —dijo—, puesto que no eres cómplice suyo, me ayudarás.