La vuelta al mundo en 80 dÃas
La vuelta al mundo en 80 dÃas —SÃ, y lo pruebo —repuso Fix—. He aquà mi tÃtulo.
Y el agente, sacando un papel de la cartera, enseñó a su compañero un nombramiento firmado por el director de la policÃa central. Picaporte miraba atónito a Fix, sin poder articular una sola palabra.
—La apuesta del señor Fogg —prosiguió Fix— no es más que un pretexto del que sois juguete vos y sus compañeros del Reform Club, porque tenÃa interés en asegurarse vuestra inconsciente complicidad.
—¿Y por qué? —exclamó Picaporte.
—Escuchad. El dÃa 28 de septiembre último se hizo en el Banco de Inglaterra un robo de cincuenta y cinco mil libras por un individuo cuyas señas pudieron recogerse. He aquà esas señas, que son una por una las del señor Fogg.
—¡Quita allá! —exclamó Picaporte hiriendo la mesa con su robusto puño—. ¡Mi amo es el hombre más honrado del mundo!
—¿Qué sabéis, puesto que ni siquiera lo conocéis? ¡Habéis entrado a servirle el dÃa de su partida, y se marchó precipitadamente con ese pretexto insensato, sin equipaje y llevándose una gruesa suma de billetes de banco! ¿Y os atrevéis a sostener que es hombre de bien?
—¡SÃ! ¡SÃ! —repetÃa maquinalmente el pobre mozo.