La vuelta al mundo en 80 dÃas
La vuelta al mundo en 80 dÃas —¿Queréis, pues, que os prenda como cómplice suyo?
Picaporte se habÃa asido la cabeza con ambas manos. No parecÃa el mismo. No se atrevÃa a mirar al inspector de policÃa. ¡Phileas Fogg, ladrón, el salvador de Aouda, el hombre generoso y valiente! ¡Y, sin embargo, cuántas presunciones contra él! Picaporte trataba de rechazar las sospechas que invadÃan su entendimiento. No querÃa creer en la culpabilidad de su amo.
—En fin, ¿qué queréis de mÃ? —preguntó al agente de policÃa, conteniéndose por un supremo esfuerzo.
—Esto —respondió Fix—. He seguido al señor Fogg hasta aquÃ, pero no he recibido todavÃa el mandamiento de prisión que he pedido a Londres. Es necesario que me ayudéis a detenerlo en Hong Kong…
—¡Yo! ¿Que ayude a…?
—¡Y partiremos la prima de dos mil libras prometidas por el Banco de Inglaterra!
—¡Jamás! —respondió Picaporte, que se quiso levantar y volvió a caer sintiendo que su razón y sus fuerzas le faltaban a un tiempo—. Señor Fix —dijo tartamudeado—, aun cuando fuese verdad todo lo que me habéis dicho… aun cuando mi amo fuese el ladrón que buscáis… lo cual niego… he estado… estoy a su servicio… lo conozco como bueno y generoso… Venderlo… jamás… no, por todo el oro del mundo… ¡Soy de un lugar donde no se come pan de esa especie!