La vuelta al mundo en 80 dÃas
La vuelta al mundo en 80 dÃas —No. De un viaje.
—¡Un viaje!
—¿Os encargáis de conducirme a Yokohama?
El marino, al oÃr esto, se quedó con los brazos colgando y los ojos desencajados.
—¿Vuestro Honor se quiere reÃr? —dijo.
—¡No! He perdido la salida del Carnatic, y tengo que estar el 14, lo más tarde, en Yokohama, para tomar el vapor de San Francisco.
—Lo siento —respondió el piloto—, pero es imposible.
—Os ofrezco cien libras por dÃa, y una prima de doscientas libras si llego a tiempo.
—¿Formalmente? —preguntó el piloto.
—Muy formal —respondió el señor Fogg.
El piloto se habÃa retirado aparte. Miraba al mar, luchando evidentemente entre el deseo de ganar una suma enorme y el temor de aventurarse tan lejos. Fix estaba sufriendo mortales angustias.
Entretanto, el señor Fogg se habÃa vuelto hacia Aouda, diciéndole:
—¿No tendréis miedo?
—Con vos, no, señor Fogg —respondió la joven viuda.