La vuelta al mundo en 80 dÃas
La vuelta al mundo en 80 dÃas El piloto se habÃa adelantado de nuevo hacia el caballero, dando vueltas al sombrero entre las manos.
—¿Y bien, piloto? —dijo el señor Fogg.
—Pues bien, Vuestro Honor —respondió el piloto—; no puedo arriesgar ni a mis hombres, ni a mÃ, ni a vos mismo en tan larga travesÃa, sobre una embarcación de veinte toneladas y en esta época del año. Además, no llegarÃamos a tiempo, porque hay mil seiscientas cincuenta millas de Hong Kong a Yokohama.
—Mil seiscientas tan sólo —dijo el señor Fogg.
—Lo mismo da.
Fix respiró una bocanada de aire.
—Pero —añadió el piloto—, habrÃa, quizá, medio de arreglar la cosa de otro modo.
Fix ya no respiró.
—¿Cómo? —preguntó Phileas Fogg.
—Yendo a Nagasaki, en la punta meridional del Japón, mil cien millas, o a Shangai, ochocientas millas de Hong Kong. En esta última travesÃa nos separarÃamos poco de la costa china, lo cual serÃa una gran ventaja, tanto más cuanto que las corrientes van hacia el Norte.
—Piloto —dijo Phileas Fogg—, en Yokohama es donde debo tomar el correo americano, y no en Shangai ni en Nagasaki.