La vuelta al mundo en 80 dÃas
La vuelta al mundo en 80 dÃas Advirtió además en su cuarto una nota colocada encima del reloj. Era el programa del servicio diario. ComprendÃa —desde las ocho de la mañana, hora reglamentaria en que se levantaba Phileas Fogg, hasta las once y media en que dejaba su casa para ir a almorzar al Reform Club— todas las minuciosidades del servicio, el té y los picatostes de las ocho y veintitrés, el agua caliente para afeitarse de las nueve y treinta y siete, el peinado de las diez menos veinte, etc. A continuación, desde las once de la noche —instantes en que se acostaba el metódico caballero— todo estaba anotado, previsto, regularizado. Picaporte pasó un rato feliz meditando este programa y grabando en su espÃritu los diversos artÃculos que contenÃa.
En cuanto al guardarropa del señor, estaba perfectamente arreglado y maravillosamente comprendido. Cada pantalón, levita o chaleco tenÃa su número de orden, reproducido en un libro de entrada y salida, que indicaba la fecha en que, según la estación, cada prenda debÃa ser llevada; reglamentación que se hacÃa extensiva al calzado.