La vuelta al mundo en 80 dÃas
La vuelta al mundo en 80 dÃas —No necesito, piloto —dijo Phileas Fogg, en el momento en que la goleta salÃa mar afuera—, recomendaros toda la posible diligencia.
—FÃese Vuestro Honor en mà —respondió John Bunsby—. En materia de velas, llevamos todo lo que el viento permite llevar.
—Es vuestro oficio, y no el mÃo, piloto, y me fÃo de vos.
Phileas Fogg, con el cuerpo erguido, las piernas separadas, a plomo como un marino, miraba, sin alterarse, el ampollado mar. La joven viuda, sentada a popa, se sentÃa conmovida al contemplar el océano, obscurecido ya por el crepúsculo, y sobre el cual se arriesgaba en una débil embarcación. Por encima de su cabeza se desplegaban las blancas velas, que la arrastraban por el espacio cual alas gigantescas. La goleta, levantada por el viento, parecÃa volar por el aire.