La vuelta al mundo en 80 días
La vuelta al mundo en 80 días Phileas Fogg, por su parte, no dejaba de pensar en su criado, que tan singularmente había desaparecido. Después de meditar mucho, no le pareció imposible que, por mala inteligencia, el pobre mozo se hubiese embarcado en el Carnatic en el último momento. También era ésta la opinión de la princesa Aouda, que echaba de menos a aquel fiel servidor, a quien tanto debía. Podía, pues, acontecer que lo encontrasen en Yokohama, y sería fácil saber si el Carnatic se lo había llevado.
A cosa de las diez, la brisa refrescó. Tal vez hubiera sido prudente tomar un rizo; pero el piloto, después de observar con atención el estado del cielo, dejó el velamen tal como estaba. Por otra parte, la Tankadera llevaba admirablemente el trapo, con gran calado de agua, y todo estaba preparado para aferrar inmediatamente, en caso de chubasco.
A medianoche, Phileas Fogg y Aouda bajaron a la cámara. Fix les había precedido y se había tendido en el diván. En cuanto al piloto y sus hombres, permanecieron toda la noche sobre cubierta.
El siguiente día, 8 de noviembre, al salir el sol, la goleta había andado más de cien millas. El loch indicaba que el promedio de velocidad estaba entre ocho y nueve millas.