La vuelta al mundo en 80 dÃas
La vuelta al mundo en 80 dÃas —Caballero, habéis estado muy obsequioso ofreciéndome pasaje; pero, aunque mis recuerdos no me permiten obrar con tanta holgura como vos, entiendo pagar mi escote…
—No hablemos de eso, caballero.
—Pero si me empeño…
—No, señor —repitió Fogg con voz que no admitÃa réplica—. Eso entra en los gastos generales.
Fix se inclinó; se ahogaba, y, yendo a recostarse a proa, no volvió a hablar palabra en todo el dÃa.
Entretanto, se andaba rápidamente. John Bunsby tenÃa buena esperanza. Varias veces dijo al señor Fogg que llegarÃan a tiempo a Shangai. El señor Fogg respondÃa simplemente que contaba con ello. Por lo demás, toda la tripulación desplegaba su celo ante la recompensa, que engolosinaba a la gente. No habÃa, por consiguiente, escota que no se hallase bien tendida, ni vela que no estuviese bien reclamada, ni podÃa imputarse al timonel ningún falso borneo. No se hubiera maniobrado con más maestrÃa en una regata del Royal Yacht Club.
Por la tarde, el piloto reconocÃa como recorridas doscientas veinte millas desde Hong Kong, y Phileas Fogg podÃa esperar que al llegar a Yokohama no tendrÃa tardanza ninguna que apuntar en su programa. Por consiguiente, el primer contratiempo serio que experimentaba desde su salida de Londres, no le causarÃa, probablemente, perjuicio alguno.