La vuelta al mundo en 80 dÃas
La vuelta al mundo en 80 dÃas —Vaya por el tifón del Sur, puesto que nos empujará hacia el buen lado —respondió Fogg.
—Si asà lo tomáis —replicó el piloto—, nada tengo que decir.
Los presentimientos de John Bunsby no lo engañaban. En una época menos avanzada del año, el tifón según expresiones de un célebre meteorólogo, se hubiera desvanecido en cascada luminosa de llamarada eléctrica; pero en el equinoccio de invierno era de temer que se desencadenase con violencia.
El piloto tomó sus precauciones de antemano. Arrió todas las velas sobre cubierta. Los botadores fueron despasados. Las escotillas se condenaron cuidadosamente. Ni una gota de agua podÃa penetrar en el casco de la embarcación. Sólo se izó en trinquetilla una sola vela triangular, para conservar a la goleta con viento en popa, y, asà las cosas, se esperó.
John Bunsby habÃa recomendado a sus pasajeros que bajasen a la cámara; pero, en tan estrecho espacio, casi privado de aire, y con los sacudimientos de la marejada, no podÃa tener nada de agradable aquel encierro.
Ni el señor Fogg, ni la princesa Aouda, ni el mismo Fix, consintieron en abandonar la cubierta.