La vuelta al mundo en 80 dÃas
La vuelta al mundo en 80 dÃas 
El monumento se desmoronó cual castillo de naipes.
Tuvo de esto la culpa Picaporte, quien, abandonando su puesto, saltando del escenario sin el auxilio de las alas, y trepando por la galerÃa de la derecha, caÃa a los pies de un espectador, exclamando:
—¡Amo mÃo! ¡Amo mÃo!
—¿Vos?
—¡Yo!
—¡Pues bien! ¡Entonces, al vapor, muchacho!