La vuelta al mundo en 80 dÃas
La vuelta al mundo en 80 dÃas Picaporte sintió cierto estremecimiento; pero sus convicciones respecto de la no culpabilidad de su amo, siguieron inalterables.
¿Y podÃa hallarse algún medio de detener al señor Fogg en el compartimento para evitar todo encuentro con el coronel? No podÃa ser esto difÃcil, contando con el genio calmoso del caballero. En todo caso, el inspector de policÃa creyó haber dado con el medio, porque a los pocos instantes decÃa a Phileas Fogg:
—Largas y lentas son estas horas que se pasan asà en ferrocarril.
—En efecto —dijo el caballero—, pero van pasando.
—A bordo de los buques —repuso el inspector— tenÃais costumbre de jugar vuestra partida de whist.
—SÃ, pero aquà serÃa difÃcil; no hay naipes ni jugadores.
—¡Oh! En cuanto a los naipes, ya los hallaremos, porque se venden en todos los vagones americanos. En cuanto a compañeros de juego, si por casualidad la señora…
—Ciertamente, caballero —respondió con viveza Aouda—, sé jugar al whist. Eso forma parte de la educación inglesa.
—Y yo —repuso Fix— tengo alguna pretensión de jugarlo bien. Por consiguiente, haremos la partida a tres.
—Como gustéis —repuso el señor Fogg, gozoso de dedicarse a su juego favorito aun en ferrocarril.