La vuelta al mundo en 80 dÃas
La vuelta al mundo en 80 dÃas —Señor Fix —repuso la princesa Aouda—, el señor Fogg no dejará a nadie el cuidado de vengarlo. Es hombre, lo ha dicho, capaz de volver a América para buscar a ese provocador. Si ve, por consiguiente, al coronel Proctor, no podremos impedir un encuentro que pudiera traer resultados deplorables. Es menester, pues, que no lo vea.
—Tenéis razón, señora —respondió Fix—, un encuentro podrÃa perderlo todo. Vencedor o vencido, el señor Fogg se verÃa atrasado, y…
—Y —añadió Picaporte— eso harÃa ganar a los caballeros del Reform Club. ¡Dentro de cuatro dÃas estaremos en Nueva York! Pues bien; si durante cuatro dÃas mi amo no sale de su vagón, puede esperarse que la casualidad no lo pondrá enfrente de ese maldito americano que Dios confunda. Y ya sabremos impedirlo.
La conversación se suspendió. El señor Fogg se habÃa despertado y miraba el campo por entre el vidrio manchado de nieve. Pero más tarde, y sin ser oÃdo de su amo ni de la princesa Aouda, Picaporte dijo al inspector de policÃa:
—¿De veras os batirÃais con él?
—Todos los medios emplearé para que llegue vivo a Europa —respondió simplemente Fix, con tono que denotaba una implacable voluntad.