La vuelta al mundo en 80 dÃas
La vuelta al mundo en 80 dÃas —Sin duda, pasaremos; pero serÃa quizá más prudente…
—¡Cómo prudente! —exclamó el coronel Proctor, a quien hizo dar un salto esa palabra oÃda por casualidad—. ¡Os dicen que a toda velocidad! ¿Comprendéis? ¡A toda velocidad!
—Ya sé, ya comprendo —repetÃa Picaporte, a quien nadie dejaba acabar—; pero serÃa, si no más prudente, puesto que la palabra os choca, al menos más natural…
—¿Quién? ¿Cómo? ¿Qué? ¿Qué tiene que decir ése con su natural? —gritaron todos.
Ya no sabÃa el pobre mozo de quién hacerse oÃr.
—¿Tenéis acaso miedo? —le preguntó el coronel Proctor.
—¡Yo miedo! —exclamó Picaporte—. Pues bien; sea. Yo les enseñaré que un francés puede ser tan americano como ellos.
—¡Al tren, al tren! —gritaba el conductor.
—¡SÃ, al tren! —repetÃa Picaporte—: ¡Al tren! ¡Y al instante! ¡Pero nadie me impedirá pensar que hubiera sido más natural pasar primero el puente a pie, y luego el tren!…
Nadie oyó tan cuerda reflexión, ni nadie hubiera querido reconocer su conveniencia.