La vuelta al mundo en 80 dÃas
La vuelta al mundo en 80 dÃas Pero cierto número de viajeros fueron inmediatamente seducidos por la proposición que gustaba especialmente al coronel Proctor. Este cerebro descompuesto consideraba la cosa como muy practicable. Se acordó de que unos ingenieros habÃan concebido la idea de pasar los rÃos sin puente, con trenes rÃgidos lanzados a toda velocidad. Y en fin de cuentas, todos los interesados en la cuestión se pusieron de parte del maquinista.
—Tenemos cincuenta por ciento de probabilidades de pasar —decÃa otro.
—Sesenta —decÃa otro.
—Ochenta… ¡Noventa por ciento!
Picaporte estaba asustado, si bien se hallaba dispuesto a intentarlo todo para pasar el Medicine Creek; pero la tentativa le parecÃa demasiado americana.
—Por otra parte —pensó—, hay otra cosa más sencilla que ni siquiera se le ocurre a esa gente.
—Caballero —dijo a uno de los viajeros—, el medio propuesto por el maquinista me parece algo aventurado, pero…
—¡Ochenta por ciento de probabilidades! —respondió el viajero, que le volvió la espalda.
—Bien lo sé —respondió Picaporte, dirigiéndose a otro—, pero una simple reflexión.
—No hay reflexión, es inútil —respondió el americano, encogiéndose de hombros—, puesto que el maquinista asegura que pasaremos.