La vuelta al mundo en 80 dÃas
La vuelta al mundo en 80 dÃas Además, el descontento era general entre los viajeros, quienes, sin contar con el atraso, se veÃan obligados a andar unas quince millas por la llanura nevada. Hubo, pues, alboroto, vociferaciones, griterÃa, y esto hubiera debido llamar la atención de Phileas Fogg, a no estar absorto en el juego.
Sin embargo, Picaporte tenÃa que darle parte de lo que pasaba, y se dirigÃa al vagón con la cabeza baja cuando el maquinista, verdadero yankee llamado Foster, dijo, levantando la voz:
—Señores, tal vez hay un medio de pasar.
—¿Por el puente? —dijo un viajero.
—Por el puente.
—¿Con nuestro tren? —preguntó el coronel.
—Con nuestro tren.
Picaporte se detuvo, y devoraba las palabras del maquinista.
—¡Pero el puente amenaza ruina! —dijo el conductor.
—No importa —respondió Foster—. Creo, que, lanzando el tren con su máxima velocidad, hay probabilidad de pasar.
—¡Diantre! —exclamó Picaporte.