La vuelta al mundo en 80 dÃas
La vuelta al mundo en 80 dÃas —¡Me parece —exclamó el coronel Proctor— que no vamos a estar aquà criando raÃces en la nieve!
—Coronel —respondió el conductor—, hemos telegrafiado a la estación de Omaha para pedir un tren, pero es probable que no llegue a Medicine Brow antes de seis horas.
—¡Seis horas! —dijo Picaporte.
—Sin duda. Además, bien necesitaremos ese tiempo para llegar a pie a la estación.
—Pero si no está más que a una milla —dijo un viajero.
—En efecto; pero al otro lado del rÃo.
—Y ese rÃo, ¿no puede pasarse con barca?
—Imposible. El torrente viene crecido por las lluvias. Es un raudal y tendremos que dar un rodeo de diez millas al Norte para hallar un vado.
El coronel echó una sarta de palabrotas, metiéndose con la compañÃa y con el conductor, mientras que Picaporte, furioso, no estaba muy lejos de hacer coro con él. HabÃa un obstáculo material, contra el cual habÃan de estrellarse todos los billetes de banco de su amo.