La vuelta al mundo en 80 dÃas
La vuelta al mundo en 80 dÃas El señor Fogg permanecÃa quieto y cruzado de brazos. TenÃa que adoptar una grave resolución. La princesa Aouda lo miraba sin pronunciar una palabra… Comprendió él esta mirada. Si su criado estaba prisionero, ¿no debÃa intentarlo todo para librarlo de los indios?
—Lo encontraré vivo o muerto —dijo sencillamente a la princesa Aouda.
—¡Ah! ¡Señor… señor Fogg! —exclamó la joven, asiendo las manos de su compañero bañándolas de lágrimas.
—¡Vivo —añadió el señor Fogg—, si no perdemos un minuto!
Con esta resolución, Phileas Fogg se sacrificaba por entero. Acababa de pronunciar su ruina. Un dÃa tan sólo de atraso, le hacÃa faltar a la salida del vapor en Nueva York, y perdÃa la apuesta irrevocablemente; pero no vaciló ante la idea de cumplir con su deber.
El capitán que mandaba el fuerte Kearney estaba allÃ. Sus soldados, un centenar de hombres, se habÃan puesto a la defensiva, en el caso en que los sioux hubieran dirigido un ataque directo contra la estación.
—Señor —dijo el señor Fogg al capitán—, tres viajeros han desaparecido.
—¿Muertos? —preguntó el capitán.
—Muertos o prisioneros —respondió Phileas Fogg—. Esta es una incertidumbre que debemos aclarar. ¿Tenéis intención de perseguir a los sioux?