La vuelta al mundo en 80 dÃas
La vuelta al mundo en 80 dÃas —Esto es grave —dijo el capitán—. ¡Estos indios pueden huir hasta más allá de Arkansas! No puedo abandonar el fuerte que me está confiado.
—Señor —repuso Phileas Fogg—, se trata de la vida de tres hombres.
—Sin duda… pero ¿puedo arriesgar la de cincuenta para salvar tres?
—Yo no sé si podéis, pero debéis hacerlo.
—Caballero —respondió el capitán—, nadie tiene que enseñarme cuál es mi deber.
—Sea —dijo con frialdad Phileas Fogg—. ¡Iré solo!
—¡Vos, señor! —exclamó Fix—. ¿Iréis solo en persecución de los sioux?
—¿Queréis, entonces, que deje perecer a ese infeliz a quienes todos los que están aquà deben la vida? Iré.
—Pues bien; ¡no iréis solo! —exclamó el capitán, conmovido a pesar suyo—. ¡No! Sois un corazón valiente. ¡Treinta hombres voluntarios! —añadió, volviéndose hacia los soldados.
Toda la compañÃa avanzó en masa. El capitán tuvo que elegir treinta soldados, poniéndolos a las órdenes de un viejo sargento.
—¡Gracias, capitán! —dijo el señor Fogg.
—¿Me permitiréis acompañaros? —preguntó Fix al caballero.