La vuelta al mundo en 80 dÃas
La vuelta al mundo en 80 dÃas —Como gustéis, caballero —le respondió Phileas Fogg—; pero si queréis prestarme un servicio, os quedaréis junto a la princesa Aouda; y en el caso de que me suceda algo…
Una palidez súbita invadió el rostro del inspector de policÃa. ¡Separarse del hombre a quien habÃa seguido paso a paso y con tanta persistencia! ¡Dejarlo aventurarse asà en el desierto! Fix miró con atención al caballero y a pesar de sus prevenciones bajó la vista ante aquella mirada franca y serena.
—Me quedaré —dijo.
Algunos instantes después, el señor Fogg, después de estrechar la mano de la joven y entregarle su precioso saco de viaje, partÃa con el sargento y su reducida tropa, diciendo a los soldados:
—¡Amigos mÃos, hay mil libras para vosotros, si salváis a los prisioneros!
Eran las doce y algunos minutos.
La princesa Aouda se habÃa retirado a un cuarto de la estación, y allà sola aguardó, pensando en Phileas Fogg, en su sencilla y graciosa generosidad y en su sereno valor. El señor Fogg habÃa sacrificado su fortuna, y ahora se jugaba su vida, todo sin vacilación, por deber y sin alarde. Phileas era un héroe ante ella.