La vuelta al mundo en 80 dÃas
La vuelta al mundo en 80 dÃas El inspector Fix no pensaba del mismo modo, y no podÃa contener su agitación. Se paseaba calenturiento por el andén de la estación. Estaba arrepentido de haberse dejado subyugar en el primer momento por el señor Fogg, y comprendÃa la necedad en que habÃa incurrido dejándolo marchar. ¿Cómo habÃa podido consentir en separarse de aquel hombre, a quien acababa de seguir alrededor del mundo? Se reconvenÃa a sà mismo, se acusaba, se trataba como si hubiera sido el director de la policÃa metropolitana, amonestando a un agente sorprendido en flagrante delito de candidez.
—¡He sido inepto! —decÃa para s×. ¡El otro te habrá dicho quién era yo! ¡Ha partido y no volverá! ¿Dónde apresarlo ahora? Pero ¿cómo me he podido dejarme fascinar asÃ, yo, Fix, yo, que llevo en el bolsillo la orden de prisión? ¡Decididamente soy un animal!
Asà razonaba el inspector de policÃa, mientras que las horas transcurrÃan lentamente. No sabÃa qué hacer. Algunas veces tenÃa la idea de decÃrselo todo a la princesa Aouda, pero comprendÃa de qué modo serÃan acogidas sus palabras por la joven. ¿Qué partido tomar? Estaba tentado de irse, al través de las llanuras, en busca de Fogg. No le parecÃa imposible volver a dar con él. ¡Las huellas del destacamento estaban impresas todavÃa en el nevado suelo! Pero luego todo vestigio quedaba borrado bajo una nueva capa de nieve.