La vuelta al mundo en 80 dÃas
La vuelta al mundo en 80 dÃas —¿A pie?
—No, en trineo de vela. Un hombre me ha propuesto este sistema de transporte.
Era el hombre que habÃa hablado al inspector de policÃa durante la noche, y cuya oferta habÃa sido desechada.
Phileas Fogg no respondió a Fix; pero éste le enseñó el hombre de que se trataba, y el caballero después, Phileas Fogg y el americano, llamado Mudge, entraban en una covacha construida junto al fuerte Kearney.
AllÃ, el señor Fogg examinó un vehÃculo bastante singular, especie de tablero establecido sobre dos largueros, algo levantados por delante, como las plantas de un trineo, y en el cual cabÃan cinco o seis personas. Al tercio, por delante, se elevaba un mástil muy alto, donde se envergaba una inmensa cangreja. Este mástil, sólidamente sostenido por obenques metálicos, tendÃa un estay de hierro, que servÃa para guindar un foque de gran dimensión. Detrás habÃa un timón espaldilla, que permitÃa dirigir el aparato.
Como se ve, era un trineo aparejado en balandra. Durante el invierno, en la llanura helada, cuando los trenes se ven detenidos por las nieves, esos vehÃculos hacen travesÃas muy rápidas, de una a otra estación. Están, por lo demás, muy bien aparejados, quizá mejor que un balandro, que está expuesto a volcar, y con viento en popa corren por las praderas, con rapidez igual, si no superior a la de un expreso.