La vuelta al mundo en 80 dÃas
La vuelta al mundo en 80 dÃas ¡Qué travesÃa! Los viajeros, apiñados, no podÃan hablarse. El frÃo, acrecentado por la velocidad, les hubiera cortado la palabra. El trineo corrÃa tan ligeramente sobre la superficie de la llanura, como un barco sobre las aguas, pero sin marejada. Cuando la brisa llegaba rasando la tierra, parecÃa que el trineo iba a ser levantado del suelo por sus espantosas velas cual alas de inmensa envergadura. Mudge se mantenÃa, por medio del timón, en la lÃnea recta y con un golpe de espadilla rectificaba los borneos que el aparejo tendÃa a producir. Todo el velamen daba presa al viento. El foque, desviado, no estaba cubierto por la cangreja. Se levantó una cofa y dando al viento un cuchillo, se aumentó la fuerza del impulso de las demás velas. No podÃa calcularse la velocidad matemáticamente; pero era seguro que no bajaba de las cuarenta millas por hora.