La vuelta al mundo en 80 dÃas
La vuelta al mundo en 80 dÃas 
A veces, algunos lobos…
A las doce, Mudge, reconoció por algunos indicios, que estaba pasando el helado curso del Platte. No dijo nada, pero ya estaba seguro de que, veinte millas más allá, se hallaba la estación de Omaha.
Y, en efecto, no era la una de la tarde cuando, abandonando la barra, el patrón recogÃa velas, mientras que el trineo, arrastrado por su irresistible vuelo, recorrÃa aún media milla sin velamen. Por último, se paró, y Mudge, enseñando una aglomeración de tejados blancos decÃa:
—Hemos llegado.