La vuelta al mundo en 80 dÃas
La vuelta al mundo en 80 dÃas En cuanto a los vapores Imman, uno de los cuales, el City of Paris, se daba a la mar al dÃa siguiente, no debÃa pensarse en ellos, porque, estando dedicados al transporte de emigrantes, son de máquinas débiles, navegan lo mismo a vela que a vapor, y su velocidad es mediana. Empleaban en la travesÃa de Nueva York a Inglaterra más tiempo del que necesitaba el señor Fogg para ganar su apuesta.
De todo esto se informó el caballero consultando su Bradshaw, que le reseñaba, dÃa por dÃa, los movimientos de la navegación transoceánica.
Picaporte estaba anonadado. Después de haber perdido la salida por cuarenta y cinco minutos, esto lo mataba, porque tenÃa la culpa él; pues, en vez de ayudar a su amo, no habÃa cesado de crearle obstáculos por el camino. Y cuando repasaba en su mente todos los incidentes del viaje; cuando calculaba las sumas gastadas en pura pérdida y sólo en interés suyo; cuando pensaba que esa enorme apuesta, con los gastos considerables de tan inútil viaje, arruinaba al señor Fogg, se llenaba a sà mismo de injurias.
Sin embargo, el señor Fogg no le dirigió reconvención alguna, y al abandonar el muelle de los vapores transatlánticos, no dijo más que estas palabras:
—Mañana veremos lo que se hace, venid.