La vuelta al mundo en 80 dÃas
La vuelta al mundo en 80 dÃas —Pero no son las doce —respondió Picaporte sacando el reloj.
—Lo sé, y no os reconvengo. Partimos dentro de diez minutos para Dover y Calais.
Al rostro redondo del francés asomó una especie de mueca. Era evidente que habÃa oÃdo mal.
—¿El señor va a viajar? —preguntó.
—Sà —respondió Phileas Fogg—. Vamos a dar la vuelta al mundo.
Picaporte, con los ojos excesivamente abiertos, los párpados y las cejas en alto, los brazos caÃdos, el cuerpo abatido, ofrecÃa entonces todos los sÃntomas del asombro llevado hasta el estupor.
—¡La vuelta al mundo! —dijo entre dientes.
—En ochenta dÃas —respondió el señor Fogg—. No tenemos un momento que perder.
—¿Y el equipaje? —dijo Picaporte, moviendo, sin saber lo que hacÃa, su cabeza de derecha a izquierda y viceversa.
—No hay equipaje. Sólo un saco de noche. Dentro, dos camisas de lana, tres pares de medias, y lo mismo para vos. Ya compraremos en el camino. Bajaréis mi mackintosh y mi manta de viaje. Llevad buen calzado. Por lo demás, andaremos poco o nada. Vamos.