La vuelta al mundo en 80 dÃas
La vuelta al mundo en 80 dÃas —Señora, ¿me perdonaréis el haberos traÃdo a Inglaterra?
—¡Yo, señor Fogg! —respondió Aouda, comprimiendo los latidos de su corazón.
—Permitidme acabar. Cuando tuve la idea de llevaros lejos de aquella región tan peligrosa para vos, yo era rico, y esperaba poner una parte de mi fortuna a vuestra disposición. Vuestra existencia hubiera sido feliz y libre. Ahora estoy arruinado.
—Lo sé, señor Fogg, y a mi vez os pregunto si me perdonáis el haberos seguido, y, ¿quién sabe? El haber contribuido, quizá, a vuestra ruina, atrasando vuestro viaje.
—Señora, no podÃais permanecer en la India, y vuestra salvación no quedaba asegurada sino alejándoos bastante para que aquellos fanáticos no pudieran apresaros de nuevo.
—AsÃ, pues, señor Fogg, no satisfecho con librarme de una muerte horrible, ¿os creÃais obligado, además, a asegurarme una posición en el extranjero?
—SÃ, señora. Pero los sucesos me han sido contrarios. Sin embargo, os pido que me permitáis disponer en vuestro favor de lo poco que me queda.
—Y vos, ¿qué vais a hacer?
—Yo, señora, no necesito nada —dijo con frialdad el caballero.