La vuelta al mundo en 80 dÃas
La vuelta al mundo en 80 dÃas Phileas Fogg habÃa ganado, pues, las veinte mil libras; pero como habÃa gastado en el camino unas diecinueve mil, el resultado pecuniario no era gran cosa. Sin embargo, como se ha dicho, el excéntrico caballero no habÃa buscado en esta apuesta más que la lucha y no la fortuna. Y aun distribuyó las mil libras que le sobraban entre Picaporte y el desgraciado Fix, contra quien era incapaz de conservar rencor. Sólo que, para formalidad, descontó a su criado el precio de las mil novecientas horas de gas gastado por su culpa.
Aquella misma noche, el señor Fogg, tan impasible y tan flemático como siempre dijo a la princesa Aouda:
—¿Os conviene aún el casamiento, señora?
—Señor Fogg —respondió la princesa Aouda—, a mà es a quien toca haceros la pregunta. Estabais arruinado, y ya sois rico…
—Dispensad, señora, esa fortuna os pertenece. Sin la idea de ese matrimonio, mi criado no habrÃa ido a casa del reverendo Samuel Wilson, no se hubiera descubierto el error, y…
—Mi querido Fogg —dijo la joven.
—Mi querida Aouda —respondió Phileas Fogg.