La vuelta al mundo en 80 dÃas
La vuelta al mundo en 80 dÃas Bien se comprende que el casamiento se hizo cuarenta y ocho horas más tarde; y Picaporte, engreÃdo, resplandeciente, deslumbrador, figuró en él como testigo de la novia. ¿No la habÃa él salvado y no le debÃa esa honra?
Al dÃa siguiente, al amanecer Picaporte llamó con estrépito a la puerta de su amo.
La puerta se abrió y apareció el impasible caballero.
—¿Qué hay, Picaporte?
—Lo que hay, señor, es que acabo de saber ahora mismo…
—¿Qué?
—Que podÃamos haber dado la vuelta al mundo en setenta y nueve dÃas sólo.
—Sin duda —respondió el señor Fogg—, no atravesando el Indostán; pero entonces no hubiera salvado a la princesa Aouda, no serÃa mi mujer, y…
Y el señor Fogg cerró tranquilamente la puerta.
AsÃ, pues, la apuesta estaba ganada, haciendo Phileas Fogg su viaje alrededor del mundo en ochenta dÃas. HabÃa empleado para ello todos los medios de transporte, vapores, ferrocarriles, coches, yates, buques mercantes, trineos, elefantes. El excéntrico caballero habÃa desplegado en este negocio sus maravillosas cualidades de serenidad y exactitud. Pero ¿qué habÃa ganado con esa excursión? ¿Qué habÃa traÃdo de su viaje?