La vuelta al mundo en 80 días
La vuelta al mundo en 80 días -Sí. Los pasaportes nunca sirven más que para molestar a los hombres de bien y facilitar la fuga de los tunantes. Os aseguro que ése estará en regia, pero espero que no lo visaréis.
-¿Y por qué no? Si el pasaporte es regular -respondió el cónsul- no tengo derecho a negarme a visarlo.
-Sin embargo, señor cónsul, será necesario que yo detenga aquí a ese hombre hasta haber recibido de Londres un mandato de prisión.
-¡ Ah! Eso es cuenta vuestra, señor Fix -respondió el cónsul-, pero yo no puedo...
El cónsul no terminó su frase. En aquel momento llamaban a la puerta de su gabinete, y el ordenanza de la oficina introducía a dos extranjeros, uno de los cuales era precisamente el criado que había conversado con el agente de policía.
Eran efectivamente amo y criado. El primero sacó el pasaporte, rogando lacónicamente al cónsul que se sirviera visarlo. Tomó éste el documento Y lo leyó atentamete, mientras Fix, en un rincón del gabinete, observaba o más bien devoraba al extranjero con sus ojos.
Cuando el cónsul terminó su lectura, dijo:
-¿Sois Phileas Fogg, "esquíre"?