La vuelta al mundo en 80 dÃas
La vuelta al mundo en 80 dÃas —Señor fondista —replicó con frialdad el señor Fogg—, no juréis, y acordaos de esto: antiguamente, en la India, los gatos eran animales sagrados. Eran buenos tiempos.
—¿Para los gatos, milord?
—Y tal vez también para los viajeros.
Después de esta observación, el señor Fogg siguió comiendo con calma.
Algunos instantes después del señor Fogg, el agente Fix habÃa desembarcado también del Mongolia y se habÃa ido corriendo a ver al director de la policÃa de Bombay. Le dio a conocer la misión de que estaba encargado y su situación respecto del presunto autor del robo. ¿Se habÃa recibido de Londres una orden de prisión?… No se habÃa recibido nada. Y en efecto, la orden no podÃa haber llegado todavÃa.
Fix quedó desconcertado. Quiso conseguir del director la orden, pero le fue negada. Era asunto que competÃa a la administración metropolitana, siendo ella quien sólo podÃa dar legalmente un mandato de prisión. Esta severidad de principios, esta observancia rigurosa de la ley, se explica perfectamente por las costumbres inglesas, que en materia de libertad individual no admiten ninguna arbitrariedad.