Las Indias Negras
Las Indias Negras Pero aquella noche, en medio de los vientos que castigaban incesantemente las costas, cualquier pescador que hubiese estado con su embarcación por los alrededores hubiera visto un buque con rumbo a la costa. Y si la luz hubiese iluminado la escena, podría haber notado, con la consecuente sorpresa, que el barco navegaba a toda veía delante del embravecido viento. Errada la entrada del golfo ya no había salvación posible. . . y, sin embargo, la embarcación se obstinaba en su ruta. . . La fiesta tocaba ya a su término. Jack Ryan se había prodigado en sus relatos fantasmagóricos y sus oyentes, de tal manera sugestionados, eran campo propicio para convertir en realidad cualquier acontecimiento infausto. De pronto se pudieron escuchar gritos desde afuera.
Jack Ryan suspendió su relato y todos dejaron de inmediato el granero. La noche estaba cada vez más obscura y fuertes ráfagas de viento hacían que la lluvia castigara las caras de los que se habían atrevido a salir. Dos o tres pescadores, que se sujetaban a una roca, daban los gritos que se oyeran momentos antes.